
Cada vez que acaba un año todos los docentes elaboramos una memoria de nuestra práctica de ese curso. En ella debemos analizar, no sólo los resultados del grupo, sino todos los aspectos que pueden influir en el proceso de aprendizaje de nuestros alumnos.
Después de elaborar la mía me he dado cuenta de la cantidad de experiencias con nuevas metodologías que hasta ahora no me había atrevido a introducir en mi práctica habitual.
Las sensaciones y los resultados han sido muy positivos.
El trabajo colaborativo ha aportado un enriquecimiento al grupo y un desarrollo competencial inalcanzable con cualquier otra metodología. Las Rúbricas para esos proyectos han sido el elemento imprescindible a la hora de trabajar, de cada uno de mis alumnos.
Por otra parte, las rutinas de pensamiento nos han proporcionado momentos y situaciones de análisis crítico o centro de interés de las que hemos extraído grandes aprendizajes significativos.
La autoevaluación del Porfolio nos ha ayudado a crecer y madurar académicamente al tiempo que desarrollaba las capacidades de cada uno de forma individual y completa.
Y la mejor experiencia, sin duda, ha sido " nuestra frase de la semana" a través de la cual hemos trabajados valores como el respeto, el esfuerzo, la perseverancia o la empatía.
Pero, evidentemente no todo ha tenido resultados positivos. La constancia en la toma y revisión de trabajos de ampliación, la caída en rutinas dentro de mi zona de confort o la gestión de tiempos serán elementos ha analizar en profundidad antes del comienzo del nuevo curso.
Ahora me toca seguir formándome e investigando sobre nuevas prácticas docentes de las que poder aprender para dar un nuevo giro a mi aula.
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